miércoles, 8 de diciembre de 2010

TRASTIENDA POLITICA PABLO MAZZEI En el lugar del abuelo

Cuando juró como concejal, en representación de la Unión Cívica Radical, algunos viejos peronistas le decían que había salido con la sangre cambiada; en referencia a su abuelo, que fue presidente del Concejo Deliberante durante el gobierno de Perón.

Pablo Heriberto Mazzei no conoció a su abuelo Francisco, que había muerto varios años antes, pero pareciera que su sombra lo sigue acompañando. Este joven abogado, que a fines de noviembre va a cumplir 38 años, ha ido edificando una carrera sin estridencias y con extendido reconocimiento.

Silenciosamente ha ido alcanzando las metas que se fue fijando. De su época de estudiante en Rosario, registra un paso por el Juzgado de Faltas de esa ciudad, durante el gobierno de Hermes Binner, donde se familiarizó con la problemática del tránsito, y algunos años después, ya instalado entre nosotros, apenas ingresó al Comité de calle San Martín para iniciarse formalmente en la política, demostró su -módica- aspiración por ese puesto. Siempre quiso ser concejal, y si en varias ocasiones tuvo que relegar sus sueños, en que por diferentes motivos no logró integrar las listas, no se sintió desanimado, y siguió trabajando con igual entusiasmo. 

Su abuelo, que fue un encendido peronista “de la primera hora”, no logró transmitir ese fuego a una familia que, aún conservando esas simpatías, y atenta a la realidad nacional se mostró siempre abierta. Por eso conviven radicales y peronistas, hinchas de Boca o de River.
  Ya atraído por la política desde los palpitantes comienzos de la democracia, el irresistible carisma de Raúl Alfonsín hizo el resto. Ese fue el comienzo, y luego, ya en la secundaria aumentó su nivel de conciencia y junto a muchos más se vuelca al trabajo en el centro de estudiantes. El germen de la política ya estaba en su estadio evolutivo, aunque las actividades por entonces estuvieran dirigidas específicamente a encarar la problemática en que desarrollaban los estudios en el Colegio Comercial.

  Como suele ocurrir, por entonces eran muchos los que se prendían en ese furor del centro de estudiantes, aunque ninguno de aquellos muchachos siguió luego en el camino de la política. Esta circunstancia no aleja a Mazzei de quienes fueran sus compañeros, con quienes mantiene vivos lazos de amistad, aunque ya hayan transcurrido unos cuantos años. Veinte, para ser precisos, del momento en que egresaron, circunstancia que se aprestan a celebrar en este diciembre.

Si ya por entonces se sentía atraído por la política, fue en la década del noventa donde se afianzaron sus ideas. Curiosamente dos ex presidentes lo hicieron sentir plenamente radical: la siempre presente figura de Alfonsín y el rechazo al menemismo actuaron como un efecto de pinzas para consolidar su identidad partidaria. “Era un momento delicado del peronismo”, reconocería, como para quitar alguna connotación innecesaria. 

En la Facultad de Derecho de Rosario el clima efervescente estaba bien marcado, y si bien no participó directamente se sentía totalmente representado por Franja Morada. Su dedicación plena al estudio, con muchas horas diarias sobre los libros, no le dejaban tiempo para la militancia. Ya por entonces iba elaborando sus planes, para cuando regresara -con el título bajo el brazo- a Pergamino: se afiliaría a la UCR, y empezaría a militar. También ya sabía que quería ser concejal, como primera meta significativa de lo que vislumbraba sería su carrera política.

  Su pertenencia partidaria la terminó de definir sobre los libros. No se considera un lector obsesivo del radicalismo, pero ha leído bastante tanto de la historia del partido fundado por Leandro N. Alem, como sobre el movimiento que creara Juan Perón. A diferencia de algunos correligionarios, se trata de un radical no gorila, ya que como queda claro, el peronismo no le resulta ajeno, y hasta admite sólidos puntos de contacto entre las dos fuerzas que durante décadas se repartieran el poder en la Argentina. “En realidad, las diferencias no son tan grandes, porque se trata de dos partidos populares. Incluso comparten la génesis, porque la UCR surgió de la Revolución del Parque, mientras que el peronismo surgió igualmente de una convulsión popular”, ha explicado. Y en lo que podría ser tomado, quizá, como una referencia justificatoria, suele decir que “como son movimientos populares, conviven en su seno corrientes muy distintas entre sí, por eso es común que se den coincidencias entre peronistas o entre radicales, que no siempre hay entre gente de un mismo partido”.  

Los que lo conocieron aseguran que de joven era discutidor, pero ahora prefiere ser concreto; no le atraen las abstracciones, es de ir al grano. Entiende que “los políticos estamos para cambiar las cosas, para mejorarle la vida a la gente, para lo otro están los filósofos”. Los que trabajan cerca de él saben cuánto le molesta cuando las cosas no se concretan como quisiera.

  Ya recibido, en 1997 entró al Comité y al año siguiente participó de aquella recordada interna donde se alineó con Raúl Rossi, integrando los equipos de trabajo. Tiempo después le ofrecen la Subsecretaría del Concejo Deliberante y luego fue designado subsecretario de Inspección General. Dos años más tarde, y después de estar un año en el Juzgado de Faltas, pasó a ser subsecretario de Gobierno, acompañando a Carlos Ferreyra. De esa experiencia se queda con su aporte a la Dirección de Tránsito: “Estaba todo por hacer, y pienso que mi aporte sirvió para revalorizar la importancia del área”.  En 2007, en el cuarto lugar de la nómina que encabezaba Omar Pacini, cumple el deseo de ser concejal, y de paso, se dio el gusto de integrar la Comisión de Transporte, de donde salió convencido de haber aportado ordenanzas valiosas.

Con el antecedente de su abuelo siempre presente, sabe que ejercer la Presidencia del cuerpo es un verdadero halago. Desde que asumió trató de reformular administrativamente el Concejo, y también se encargó del aspecto edilicio, logrando hacer del recinto un lugar apto para el trabajo. Aunque está conforme, todo esto le quita tiempo para dedicarse a la faz legislativa, que es lo que más le gusta.

Con respecto a la cantidad de bloques, lo ha dicho algunas veces, en voz baja: “Así no se puede trabajar; esto se parece mucho a la anarquía”. Añora la tradición bipartidaria del cuerpo, cuando todo estaba dividido y pensado en dos. Ahora tienen que convivir varios bloques, algunos de una sola persona, y eso le preocupa porque entiende que las discusiones suelen debilitar la energía de la acción local. Precisamente, el diálogo es una de las cosas que más valora en política.

Quiso ser concejal, pero supo esperar su momento. Ahora, no oculta que le gustaría ser intendente, ya que eso está en la cabeza de todos los que hacen política, pero tampoco tiene apuro. Como es realista, sabe que todo tiene su tiempo. A Héctor Gutiérrez le reconoce muchas virtudes, al punto que lo ubica como el mayor exponente de la política en Pergamino. Lo que más le envidia es su gran capacidad de trabajo. A veces se queja de las constantes reuniones que lo alejan de la familia, que es donde más cómodo se siente. Le gusta mucho lo que hace pero prefiere estar en su casa de Fontezuela, con los suyos hijos. Está casado y tiene dos hijos: Julia, de un año y dos meses, y el mayor, que tiene 5, se llama Francisco, como aquel viejo peronista, trabajador de la Usina, que fue presidente del Concejo Deliberante, y que aunque no alcanzó a conocerlo, siempre está presente.

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