Sumando ya varias décadas de abrazar esta fascinante profesión, y de haber transitado por tantas redacciones de todo tenor, nos sentimos habilitados para mensurar a priori el desafío que implica lanzar un nuevo medio a la consideración del público. Medimos los riesgos que entraña, pero al pensar La Posta los afrontamos convencidos de la utilidad de sumar una nueva voz a lo ya existente, con la pretensión de aportar algo nuevo; ni mejor ni peor a lo conocido, simplemente distinto. Conseguir plasmarlo en el papel es lo que pretendemos, no sólo enunciarlo.
Y si conocemos que los riesgos son grandes, nos alienta, esencialmente, saber del valor del funcionamiento en equipo, y en la certeza de haber conformado un potente grupo de trabajo que se fortalece no sólo en los talentos individuales de todos los integrantes, sino que se entusiasma ante la envergadura de los obstáculos a superar, sentimos que el objetivo comienza a estar más cerca. Entre los que constituimos el proyecto contamos también a las personalidades ya comprometidas que aportarán sus firmas en las colaboraciones, que no serán entendidas como algo tangencial, sino como una parte vital del conjunto. Pensamos que entre todos será más sencillo, a la vez que nos sentimos respaldados por innúmeras voces de aliento.
Precisamente en lo que constituyera la consolidación de la antítesis, en tanto el individualismo reinó glorificado, en los noventa, década de vivencias nefastas, el periodismo argentino alcanzó su punto más alto de reputación, para luego comenzar un inevitable declive. En la actualidad, la credibilidad de los medios y de los periodistas ha descendido como consecuencia de causas varias. Con ese marco, queremos decir que no nos impulsan pretensiones heroicas ni ideales desmedidos, pero sostenemos que el periodismo debe contribuir a mejorar la sociedad. Sabiendo que con esto no inventaremos nada, reiteramos que se debe aplaudir lo que está bien y no callar lo que está mal. En cualquier ámbito humano hay verdes y hay maduras, y los medios deben transmitírselo a sus lectores; no para imponer su verdad, sino para contribuir a “la” verdad, siempre lejana de las partes; tan ajena a los periodistas como a los funcionarios.
Sin ninguna otra atadura, nos sentimos solamente atados a un compromiso sincero con la comunidad, y para ser plenamente honestos decimos de entrada que desechamos la posibilidad de ser objetivos. Somos subjetivos, con la pretensión de ser equilibrados. Nosotros diremos aquí lo que pensamos, lo cual -obvio- merecerá diferentes recepciones, posiblemente tantas coincidencias como disidencias. Nuestra misión es informar, pero a la vez recordamos que la esencia del periodismo es incomodar al poder. Parece necesario que quienes lo ejercen, cualquiera que fuere su nivel o jurisdicción, se sientan controlados, vigilados, auditados. No tendría por qué caerles mal tan elemental muestra de republicanismo.
Aspiramos a expresar una forma de ver la ciudad y el país. No rehusamos la batalla por las ideas, porque quienes hacemos La Posta tenemos las nuestras; las que hemos abrazado desde hace mucho, que no ocultamos y que defenderemos.
El reto es grande, pero no nos arredra. Ahora, el reloj de la sentencia pública comienza a andar.
Rody Piraccini
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