miércoles, 8 de diciembre de 2010

Optimismo andaluz Escribe Claudio “Choco” Díaz

Hace poco estuvo en Rosario Felipe González, protagonista clave en la modernización de una España que salía del atraso que había significado el franquismo. Al socialista español le tocó asumir la presidencia en 1982 iniciando una de las experiencias más exitosa de la socialdemocracia contemporánea.

En su conferencia pronosticó un futuro optimista para los países emergentes y particularmente para los sudamericanos. En medio de tantas crisis, enfrentamientos y, fundamentalmente, tanta chatura intelectual de la política argentina, fue un bálsamo muy bienvenido las opiniones de tan destacado. Remarcó el vertiginoso cambio del mundo desde el momento en que le tocó gobernar hasta la actualidad. Cuando cae el muro de Berlín y se desintegra el bloque del Este, irrumpe con fuerza una revolución tecnológica que cambió los parámetros de comunicación entre las personas e influye de manera determinante en el funcionamiento de la economía, las finanzas y el comercio acelerándose el nuevo sistema internacional. Se terminaba la “guerra fría” y la ruptura sistémica genera una mayor velocidad a la denominada globalización. Señala Felipe González que desde aquella fecha a la crisis que comienza en 2008 el mundo es otro. En ese mundo nos movemos.

Uno de los tantos conceptos interesantes que brindó fue cuando aseguró que “...la globalización ha hecho crecer las desigualdades, pero no ha hecho crecer la pobreza”. Agrego que ha aumentado la riqueza de manera diferente a como aumentaba en los 20 años anteriores, con una participación creciente de los que llamamos “países emergentes”. Para profundizar esta idea marcó que los países del G7, hoy no pueden dictar las reglas de juego sino que deben recurrir la G20, agrupamiento en el que participa nuestro país.

La auspiciosa mirada del andaluz podemos, de alguna manera, acompañarla cuando percibimos los índices de crecimiento en América Latina y, particularmente, en Argentina. De todos modos, los índices de crecimiento deberán reflejarse en la distribución de la riqueza generada.

Otro elemento importante para profundizar políticas de crecimiento es el fortalecimiento de los procesos de integración que se desarrollan en la región. En este mundo globalizado con la irrupción de nuevos y poderosos actores el futuro de la región estará signado por las posibilidades de reforzar los espacios regionales y, particularmente, el Mercosur.

La concepción de este bloque ha cambiado positivamente desde su constitución mediante el Tratado de Asunción. Desde aquella mirada de los ’90 signada por la búsqueda de, solamente, un mercado integrado por los Estados signatarios se ha pasado a lo largo de estos años a una concepción de contenido político mucho más cercana a la concepción que llevó a Alfonsín y a Sarney a firmar los primeros acuerdos entre Argentina y Brasil en los primeros tiempos de ambas democracias.

Se ha puesto el acento en la defensa de las democracias, en la ampliación del espacio a posibles ingresantes y a pararnos en este nuevo escenario internacional como bloque de Estados. El optimismo que nos dejó la brillante conferencia de Felipe González nos animamos a compartirlo desde una concepción mercosureña. Pero debemos estar atentos a nuestras propias historias de desencuentro nacionales y regionales.

Los argentinos somos especialistas en desperdiciar oportunidades desde nuestras propias crispaciones y enfrentamientos estériles que fomentan facciones y imposibilitando políticas estratégicas. 

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