Por sabido, no haría falta recordarlo, pero Pergamino cuenta con un origen polvoriento, muy bien descripto en el célebre soneto de Alejandro González Gattone, cuando la señala como “ciudad sin fundación…”. Y acierta, nuevamente, luego, el prominente poeta, al mencionarla como “puerto de tierra y luz”, porque este pueblo nuestro es claramente hijo del camino; del camino real a Córdoba y a Mendoza, y al Alto Perú, especie de columna vertebral del Virreinato.
A su vera, mansa y silenciosamente, se erigió “la Dormida del Pergamino”, existente ya en la primera mitad del siglo XVII, cien años antes de la creación del fuerte, en torno al cual se formó el primigenio asentamiento humano. Poco o nada se sabe de esa dormida, o apeadero, o posta. Tan sólo, y nada menos, que ése resultó ser el germen vital sobre el que se edificó esta ciudad de hoy, pujante y contradictoria; que merece nuestro amor y nuestros afanes. Por eso, esta publicación, que nace -precisamente- de ese amor y de ese afán, que nos convocan y nos comprometen.
Porque a la hora de denominar a este medio quisimos dotarlo de un nombre que remitiera instantáneamente a la ciudad, a su gente, a su historia. La Posta de Pergamino, como tal, identifica y sintetiza, y cumple el deseo de anticipar de qué se trata el contenido final de estas páginas.
Además, confiando en la costumbre impuesta de apocopar, a modo de economía en el habla, esperamos que los lectores operen la supresión. Entonces, cuando se refieran simplemente a La Posta, nos sentiremos congratulados, porque así esperamos que se valore el material que comenzaremos a compartir desde esta misma página.
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